LUna vez terminado el programa “Desatar al anciano y enfermo
de Alzheimer” desarrollado por la Fundación Iberdrola y
la Confederación Española de Organizaciones de Mayores,
se ha editado la Guía para personas mayores y familiares,
en la que se recogen las principales cuestiones prácticas
relacionadas con el uso de sujeciones físicas y químicas
con personas mayores y enfermos de Alzheimer.
España es el país con las tasas más altas
en lo que se refiere al uso de estas medidas, a pesar de que “su
uso es poco recomendable, pues existen contundentes evidencias
de sus efectos negativos para quienes las padecen”, según
Iñigo de Oriol, presidente de la Fundación Iberdrola.
“Además, es demostrable que su uso puede reducirse significativamente
si organizamos bien los cuidados, formamos a los profesionales,
adecuamos el entorno físico y psicosocial, y aplicamos
un correcto baremo en lo referente al riesgo de caídas
y problemas de conducta”.
Mientras que nuestro país registra un 40% de casos en
los que se recurre a este tipo de medidas, en Francia, que es
el segundo país con las tasas más altas, este índice
se queda en el 17%.
Consecuencias negativas
Por sujeción física se conoce cualquier método
aplicado a una persona que limita su libertad de movimientos,
su actividad física o su acceso a cualquier parte del cuerpo,
y del que la propia persona no puede liberarse con facilidad.
Como sujeción química se conoce el uso de medicamentos
psicoactivos, ya sean sedantes o tranquilizantes, para manejar
o controlar una conducta supuestamente molesta o de riesgo, tratamientos
que en varias ocasiones se aplican, más que para afrontar
un problema del paciente, por conveniencia de sus cuidadores.
El uso de estas medidas tiene consecuencias físicas y
psíquicas, como úlceras por presión, infecciones,
incontinencia, disminución del apetito, estreñimiento,
pérdida del tono muscular, atrofia, miedo, vergüenza,
ira agresividad, depresión, aislamiento o apatía.
Ver texto completo
en pdf